Si me preguntan en qué momento se dio el quiebre inicial no sabría bien qué decir. Un dato como ese es difícil de rastrear hasta sus orígenes más primitivos. Ahora, si me preguntaran en qué momento me di cuenta de la existencia del quiebre… o no, tampoco. En el fondo siempre lo supe y en realidad nunca voy a terminar de comprenderlo. Está tan arraigado en mí que no puedo apoderarme de él por completo. Es una idea, pero, ¿cómo la defino? Tal vez por una palabra que entró en mi subconsciente y fue modificándose a sí misma, girando sobre su eje, mezclando sus letras y sonidos con otras palabras que le daban su A por la H, jugando con sinónimos hasta perder su identidad, haciendo del negro el blanco, del frío el calor y del feliz, miserable. Si pienso en algo tan abstracto como la entidad de una idea y el valor que ella tiene dentro del conjunto de motivadores humanos que pueden llamarse “normales”, es inevitable, por lo menos, considerar la posición de mis pares: estoy sobreestimando la situación. Pero el valor de una idea, es mi humilde opinión, se asemeja al de todo tipo de elementos generadores de utilidad, y, por lo tanto, considerar el valor de terceros seria desafiar más de un siglo de teoría económica. Asíque, por otro lado, puede ser que mis instintos estén nada más que reclamando su dominio sobre mis acciones. O no…
Es la eterna lucha entre lo socialmente aceptable y lo desesperadamente originario. Es el interés colectivo que genera psicosis individual. Un monopolio tiránico de planes de vida disfrazado de bienestar. La brutalidad mundana que arrasa con el arte innato del ser transformándolo en una (inevitable) mediocridad idealista. Y, por sobre todo, ser conciente de ello. De eso se trata el quiebre: es el redescubrimiento del “yo”.
October 4, 2010
Categories: Divages, Uncategorized . Tags: cambio, quiebre, redescubrimiento del yo, ser, transicion, vida, yo . Author: ordinarygirl89 . Comments: Leave a Comment